Cuando un investigador obtiene resultados de su investigación, los envía a revistas especializadas, donde otros investigadores los revisan gratuitamente. Las editoriales los publican, y entonces cualquier científico que quiera acceder a ellos tiene que pagar una suscripción anual a la revista o unos 30 dólares por artículo. Los derechos de autor pasan a ser de la editorial y quien ha escrito el artículo no puede recibir ningún beneficio económico ni tampoco puede, por ejemplo, colgar el artículo en su web sin el permiso de la editorial.
Con la llegada de Internet, que permite una diseminación casi ilimitada de la información, este sistema tradicional de acceso restringido parece contrario a la expansión del conocimiento y al avance de la ciencia. Si un investigador no tiene acceso a las últimas novedades en su campo, avanzará a ciegas y quizás repetirá experimentos innecesariamente.
El movimiento Open Access (OA, o Acceso Abierto) lucha desde hace años por el acceso libre a los resultados de la investigación financiada con dinero público. Los primeros proponentes de OA fueron las editoriales PloS y BioMed Central (BMC), que han dado la vuelta al modelo de publicación: los autores pagan por publicar su artículo y cualquiera puede acceder de forma gratuita. Además, los autores conservan siempre los derechos sobre la publicación.
De un tiempo a esta parte, las principales agencias públicas de financiación de Europa y los Estados Unidos (NIH, Welcome Trust, la propia Comisión Europea) exigen que la investigación que financian sea públicamente accesible entre seis meses y un año después de su publicación. Universidades como Princeton o Harvard son líderes en la aplicación de este tipo de políticas de acceso abierto. En el ámbito español un ejemplo es Recolecta, una plataforma que agrupa todos los repositorios a nivel nacional.
Este artículo ha sido publicado en el diario El·lipse, la publicación que se realiza en el PRBB con la colaboración de todos los centros que lo conforman.